Cuando la sal se corrompe, versión II
Antes de acostarme, dando por terminado este día he querido sentarme bajo esta lúgubre luz de mi habitación para reflexionar sobre la obra.
Me tomo este tiempo, a propósito muy breve para volver a creer poderosamente en la obra; una obra sencilla, honesta, cercana a mí, que ejerza tal vez su única obligación: convertirse en la creencia del mundo.
La obra se gesta con potencia en lugares insospechados, convirtiéndose en muchos de ellos como una revelación, a veces salpicada de arte.
¿ qué es arte? Es tan difícil de definir como la misma naturaleza. Arte, un término Joven, caprichoso, ambiguo y dilapidado.
¿ Quien puede señalar que es una obra de arte? Acaso el profesor cansado, poseedor de la verdad del arte? ¿Acaso la exigua academia? ¿Quien puede tener por seguro que una obra de arte lo es hoy y lo será dentro de 10 años?
Ante el anterior cuestionario lo más seguro es que aparezca el iconoclasta, el ecléctico, el purista, para otorgar los visados, los permisos denegados de su minúsculo pensamiento.
Hoy he vuelto a creer con toda la fuerza de mi ser en la obra, esa obra que rivaliza con la mediocridad, he re-descubierto mi obra potenciada desde mi experiencia; nutrida, nutritiva para el espíritu y mi continua formación. En este camino mi obra se emparenta mucho con la obra del estudiante, por su fe, su tenacidad y sus ganas de ser, revelándose al peligro académico, a la idea perversa del arte como el lugar indescifrable al que juega. Que se aleje de mí el profesor profanador de obra, que regrese al pasado, a su sitio.
Construyo mi obra sin pretender lo profesional, puesto que aun no asimilo que alguien se considere un profesional del sentido. La obra no es una práctica, es una afirmación que traduce e implica todo el ser de manera decisiva y definitiva; con la obra no existe posibilidad para la niebla, sino que con la obra aparece la claridad de la mirada y la transparencia de una idea, capaz de complementarme, de atravesarme en un acto instantáneo y fulminante.
Mi obra se aparta de la obra de arte o mejor se mantiene alerta del pensamiento del arte como algo necrótico y lapidario.
Hoy al observar mi propuesta de mural, he vuelto la mirada hacia mi interior, buscando el lugar egregio, incólume, valioso y misterioso que representa. Mi obra se encuentra legalizada también por mi experiencia expositiva, ha permanecido exhibida en espacios buenos y malos, en naciones conocidas y extrañas; ahora mismo mi obra existe en Colombia, en Venezuela yen seno de la cultura Totonaca. De igual manera en el pasado mi obra logro traducir lo catalán, lo portugués, lo andorrano, lo francés, lo norteamericano, lo venezolano y lo mexicano, pero siempre fui YO.
¿Cómo puedo decirle a mi discípulo que el no tiene obra? Seria como despojarlo de su esencia primera, seria vendarle sus ojos interiores hasta el detritus, quitándole todo su aliento vital? Que se aleje el profesor que extirpa la obra de sus discípulos, por que él mismo ha entrado en el abismo de su propia inexistencia.
Mi proyecto mural, es mi obra con sus trágicas consecuencias, no es una práctica, puesto que mi obra es precisa y se revela ante la incertidumbre, ante el tanteo. Considerar mi obra una PRACTICA desmontable, temporal es irrespetar lo que soy y lo que finalmente sustenta todo su poder: es irrespetar de igual manera mi paso por la autoformación y formación hasta el doctorado. Me revelo ante la idea, mi obra no es una práctica, mi obra mural contiene la práctica de mis discípulos ante un plan macro que les guía y que garantiza la trasmisión de sentido que es toda mi obra. Mis discípulos realizan una practica técnica que no toca mi obra, simplemente la materializan. Yo la concibo; yo la planifico; yo la visualizo; yo la vivo. Este boceto de mural es mi obra, una extensión de mis brazos, piel y deseos, merece un trato especial, se en la universidad o fuera de ella, no importando que una mente cualquiera pretenda desvincularla.
Pensar con fuerza en mi obra es devolverme a la complejidad y misterio del mundo y a la armonía de construir sentido que nos aleje de la muerte, esa muerte hecha educación y ética.
Desautorizo a un profesor que no aspire a la creación así, como al creador que no aspire a la pedagogía; desautorizo a quien desautorice la obra, por que la obra, abre, obra y nos muestra el camino para amar mas.
Atrás a su sitio.
Oscar Salamanca
13 de marzo del 2006
