Del lente, rostro emergente

La obra de Daniel Goméz se alimenta de la extraña fuerza de los acontecimientos, producto del objeto encontrado, la artesania, todo en función de la manofactura.
En esta obra, la cual habla de su propio rostro ha involucrado lupas con las cuales produce una suerte de artilujos con su propia imagen; la maxima al parecer es la deformación y la hibridación, pero analgesica, sin mutaciones extrañas, ni juegos tontos con pintura o dibujos mal informados.
Usa los elementos plasticos con el cuidado del cirujano ebrio y la tutela del pensamiento en exilio, como si recordara de antemano una cuestión no resuleta en su pasado.
