Carta a Francisco Antonio Cano

Francisco Antonio Cano, Retrato histórico, oleo sobre lienzo
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Paulatinamente he perseguido con más encarnación cada pintura, dibujo o escultura del F. A. Cano, artista oriundo de Medellín(Yarumal (Antioquia, Colombia), 1865 - Bogotá (Colombia), 1935), cuya obra ha atravesado buena parte de la historia del arte colombiano. En el museo de Antioquia se puede apreciar en conjunto una importante colección de sus obras, son estas , retratos, paisajes, marinas, desnudos, bodegones y composiciones historicistas, es decir una obra inscrita en la tradición de la pintura de caballete. A través de la formulación del tratamiento del medio plástico es evidente la sincronización con la obra de Miguel Díaz Vargas, en especial, cuando la materia pictórica se siente modelada, construida , basada en planos de color luminoso, los cuales encuentran en la amalgama gris del espacio pictorico, respuestas tonales sugerencias contratadas de luz.
Precisamente en la luz es donde la mirada se detiene pausadamente, es decir, en el manejo de la pintura se siente el manejo y la elaboración mental de algo tan intangible y voluble como el tiempo; la luz importa en las pinturas de cano en línea de fuerza barroca, pero sincrética, sintética en linea conceptual; cada trazo y disposición del pincel marca en el lienzo un pedazo de color simbólico que sin lugar a dudas conduce a complementar un imaginario figurativo o bien un juego dispuesto desde lo abstracto.
La construcción pictórica de Cano refleja un pensar abstracto, en una época del pensamiento figurativo, posible por la imaginación; todo en él se justifica por el concepto; concepto luz, gris en la paleta y visible en el conjunto de la imagen; informe en la proyección mental pero preciso por el dibujo, reflejo del constructo de manchas , trazos, esgrafiados y tentativas en representación-imaginación: sistema de pensamiento abstracto rodeando lo real, planteamiento definitivo del caos y lo informe para construir la mimesis, quizás una herencia en vía directa no sólo de la pintura de Miguel Díaz Vargas, sino guardando la genealogía, Velásquez, Greco, Tiépolo.
Cano buscaba en la mirada del mundo la posibilidad de enfrentarse a preocupaciones de orden interior, su paleta gris oscura era el escenario desde el cual buscaba los lugares de las cosas, significados en el único espacio valioso y justificable para un pintor: su lienzo; fuera de él no existe sino vacío.
