Respuesta a carta a Francisco Antonio Cano

Alvaro Salamanca, "soldados" 1984, oleo sobre lienzo 1.70x1mt
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Un fragmento de la pintura de Cano, retrae la mirada de un pedazo de mundo, él, Cano en su pintura ha utilizado la imaginación para complementar una idea geográfica, una sensación de haz solar detenido por la forma y el pigmento. Cuando se recorre el fragmento de la pintura, se camina el camino de la montaña, con todo el accidente de la piel; cuando se retrata la luz, se digieren complejas operaciones conceptuales validas en lo imaginario: en realidad la pintura basada en pinceladas demográficas solo ostentan el privilegio de engañar, de simular en consonancia con un espíritu violado de iris y olfato.
Dirijo desde Medellín dos cartas a Cano, pero en realidad se escriben para la pintura de Álvaro Salamanca, quien afanoso buscó el camino de la penumbra en la riqueza del gris por la luz.
A diez años de la muerte de Alvaro Salamanca, su pintura ha acumulado el polvo necesario de la última buhardilla, del último refugio para su soledad.
