Estar situado, estar sintonizado en el mirar
Tayrona, Cabo San Juan, 7 de enero del 2007
La olas marinas parecen desde esta posición en la que me encuentro un paisaje montañoso, de pequeñas montañas puntiagudas liquidas en un nerviosos movimiento de nacimiento y muerte. Las montañas enfiladas y con un orden representan la angustia por un origen, una datación del principio del cosmos. En la nueva carta al mar, al paisaje sobresale la angulosidad y lo liquido, dos expresiones propias de nuestra contemporaneidad.
El Cabo San Juan pertenece a las estribaciones del sistema montañoso de la Sierra Nevada de Santa Marta, un conjunto de montañas aglutinadas en un exquisito triangulo, que datan en su nacimiento de un tiempo mas antiguo que todo el continente americano. En la Sierra resistieron los indígenas Tayronas, la bárbara masacre producida por la conquista y colonia del europeo inculto y avaricioso; ahora los aborígenes resisten no sólo a las hordas de turistas, sino también a los carniceros paramilitares( secundados por los ladrones del congreso), la guerrilla, el narcotráfico y la violencia de estado, dudo que con tantos factores tras sus tierras fúndantes de cultura, fauna y flora, puedan sobrevivir dos o tres generaciones mas.
Miro la sierra y veo como la figura de su conjunto montañoso recorta el paisaje; a lo lejos las montañas altas con tono grisáceo, se van convirtiendo en brumas más cálidas hasta alcanzar el ocre y el verde de la proximidad apabullante de una montaña sobre el mar. El paisaje es esto: una materialización de elementos en la imagen, quiere decir, que las imágenes posibles captadas o imaginadas por el hombre hablan de paisaje. En el arte de hoy nos encontramos en una época después del paisaje, puesto que hemos escindido y agotado la imagen, ya no basta que sea el reflejo de nuestra organización de mundo, sino que se le exige la dirección simbólica de lo interior. El arte de hoy piensa en paisaje, un laboratorio en el siglo veinte dedicado a la identificación con la abstracción, todos sentíamos y vivenciamos lo abstracto, en el siglo veintiuno intuimos una abstracción extendida, en el arte de hoy lo importante es estar situado, sintonizado en la mirada, por ello el valor en el proceso, en lo escrito , en el registro minucioso, una calidad por fuera de lo temporal.
El arte, el buen arte es indefinible, por que habla de lo intangible, de lo transparente, invisible, ajeno a lo evolutivo; el arte como la naturaleza ( cultural-natural) ocurre, salta con la forma de paisaje al escenario del individuo: el arte de hoy con la ética de la posmodernidad recurre a las diversas naturalezas, escarban en las herencias huecas del modernismo el territorio y la atmósfera, tras una construcción de mundo basado en el estar situado, un situacionismo complejo, que busca mas alla del lugar y la forma.
Estar situado en la mirada es oponerse a los excesos pero planteando la clave del posmodernismo de resistencia: el exceso, recuperar el paso siguiente para el sentido, con una utilidad en el arte en la idea de la funcionalidad para la obra cargante de mirada y reflexión, diferente a los excesos no situados, no sintonizados.
La mirada a través del paisaje en las obras axiomáticas, las acciones y performances, nos detenemos en el lugar, alejados de la representación, es como si hubiéramos cortado un río de tajo, allí podemos ver la disección del cuerpo vivo del arte, cargado, vital por que cada forma actúa en la individualidad, a través de la diversidad del pensamiento y con la mecánica de la imaginación: mi ejercicio con el corte consiste en mirar obsesivamente y absorto la composición del mundo, su sintonía: mi ejercicio de hoy, frente a la montaña de la sierra nevada, consiste en contemplar y pensar la montaña, su color y recorrido, las posibilidades de acceso y retirada, los diversos grises, el recorte de sus perfiles, la liquidez de su apariencia.
El estar situado en la mirada me involucra totalmente, llena la experiencia privada y espiritual, estar sintonizado en la mirada es permitir el dialogo de la obra con el mundo, mirar abre hacia la conformación de la obra por el sentido, la comprensión del arte y el repudio de su mundo ¿que es entonces la belleza? solo el mirar y permitir la apertura.
