La Coctelera

oscar salamanca

artista plástico

15 Enero 2007

Taller, el abandono de la expresión constreñida

Una escalera atormentada por el paso de los vientos en la inclemencia del tiempo extraño y seco de Bucaramanga, se convierte de repente en un todo sintetizado de mundo. La escalera, larga y espaciosa, quizás en demasía, de peldaños altos, construida con el cascajo de paredes derruidas de la casa de mi madre, augura los 80 0 90 años de barro pisado, estiércol y sangre, los que ahora simbolizan la entrada a mi taller. Una escalera con aspecto de ataúd de colores festivos aguarda y protege el taller, un taller de artista.
El encuentro del taller para un artista plástico remite a una búsqueda de un espacio predicado y verbo de la creación, es decir, un proceso de constante interrogación y cuestionamiento, un lugar imaginado, inexistente físicamente pero realidad tangible del pensamiento.
Soy pintor y no lo soy al mismo tiempo, quiero decir que mi sensibilidad reacciona violentamente ante la forma, su estructura y apariencia superficial, mi tarea como pintor excede la representación ¿ para qué ejercer de pintor en la vida? el arte es un todo integral. No soy pintor todo el tiempo, por que mi pintura se ataca así misma, es una pintura que se niega, o mejor "señor docente burócrata perseguidor" que se RESISTE a su naturaleza, se rebela amigo.
Soy pintor y no lo soy, ¿ para qué ejercer de pintor en el arte? si es tan amplio, tan limitado en la belleza, tan universal y al mismo tiempo tan lejano al mundo del arte. Si lo que le rodea es el medio, el vórtice de lo pírrico, de lo endémico del pensamiento. Pienso en arte, es una evidencia, mi cerebro entiende de su misterio, es una arrogancia, pero al mismo tiempo repudio la materia de la pintura, ( el odio es sólo el profundo respeto que me merece el exacerbado tiempo y tradición implícito en las técnicas y materiales del arte) mi taller no huele a nada, diferente a un lugar inhóspito pero repleto de la nada. Por eso el odio hacia la materia del arte, por que sospecho que nunca podrá adoptarse a la corporalidad de mi espíritu. Antes, cuando mi expresión era constreñida, existían los cromos y todo el azul, rojo, ocre, amarillo, todo ello se refería a mi identidad; hoy, liberado del lastre auto impuesto de socializar con el mediocre, el egoísta y la traición formada, educada, puedo afirmar que me someto a mi particular teoría del arte, entiendo mas hoy de color cuando mas me alejo de lo que se enseña y promulga, por que el color, quiero decir el verdadero color es único y personal, nadie me puede decir que es el color, es indescriptible, inexplicable ¿cómo definir algo tan íntimo?
Hoy regreso a mi taller , me ha costado seguirme mis propios pasos hasta este lugar; hoy, que respiro de su aire contaminado y confuso de cosa muerta, me reconozco en el detritus y me hallo feliz con la noticia de su movilidad, de su acondicionamiento a la caverna del cerebro, a la cavidad de la idea y lo indeterminado.
Estoy en mi taller, en Bucaramanga, por extensión mi taller de las múltiples ciudades que visito y abandono, en mi condición de artista nómada y multitudo. Mi taller de Bucaramanga es amplio , con luz propia y color propio como ya lo hemos dicho. Entonces, si la tierra santandereana es amarillo de ocre, las paredes de mi taller serán del ocre mas agresivo y corrosivo: el paisaje penetra para presentarse en su real construcción mental.
La carta desde el taller se dirige al huérfano de ética y al poseedor de la ética. Sí, ese profesional del arte, que levanta la bandera de la ética sin comprenderla en la posmodernidad. La posmodernidad no es una pose como se me acusa, sino una realidad llena de sentido, o mejor cargada de sentido a través de la obra. Con la obra no basta expandir los conceptos, ni tampoco los pedazos de telas por metros en el suelo sucio del museo, la obra es definitiva cuando carga consigo, cuando se arroja al mundo con alguna intención....sin miedo....con alguna intención amorosa.
El taller se opone a la expresión constreñida, por que desde este lugar ontológico se produce algo tan positivo como la creación; la creación es positiva por que crea y además por que ubica el pensamiento lejos del anquilosamiento y su anclaje( pobre escuela, academia prepárate). No existen lugares originales de donde mamar y depender -bien sea por la nostalgia-, la creación, permite la efectividad del regreso al lugar de la nada, como dios la creación y el taller se vuelven unívocamente en mas íntimo que la propia intimidad. El taller y la creación, forma de arquitectura, Bucaramanga, forma de ciudad.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

CRS

CRS dijo

Sobre la posmodernidad ¿es real? ¿o nos referimos a ella en el sentido de un periodo histórico mediados de los 70´s a principios del 2000? pero ¿es una realidad o un relato de ausencias de sentido?

16 Enero 2007 | 03:15 PM

respuesta acuhu

respuesta acuhu dijo

la posmodernidad se mete en el uno a través de su propia etica, es asi como para el texto se vincula a lo real como la posibilidad del y para el exceso... no hay nada mas real y definitorio como el exceso

16 Enero 2007 | 11:23 PM

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