Lejos del gris ceniza

Dibujo de Alvaro Salamanca, posible interpretación de "hombre perro", 1989.
Lejos del gris ceniza
Quiero apartarme en este ensayo de la realidad de ser hermano del artista a quien dedique unas palabras con el mal motivo de cumplirse sus diez años de muerto; la fecha ya pasó ya hace unos meses y que tristeza más profunda sentí al ver el olvido acechando constantemente la memoria de los humanos, sin que nosotros seres allegados o extraños nos asalte si quiera un poco de inquietud. De repente un artista con el duende tan pegado a sus obras, se archiva, pasa al osario de gente gris; a Álvaro Salamanca no se le cataloga, no se le estudia, no se le investiga en Santander, su tierra natal; quizás el académico siempre curioso soñará algún día la tesis pendiente que hable del ejercicio de la disciplina, del rigor y la claridad conceptual de un artista integral, como este pintor desgraciadamente muerto cuando apenas comenzaba su carrera.
La cercanía que siempre me unió al proceso de Salamanca se ha decantado en estos diez años de ausencia, en donde he tenido que digerir con mirada de curador el significado de la producción de obra en un artista que siempre vivió al límite de las cosas. La búsqueda de Salamanca la encuentro en la producción de sentido, un sentido que en primera instancia se dirigió hacia su misma realidad: desafío constante, identidad gay, sensibilidad por la experiencia privada y la luz, siempre la luz; pero también un sentido abarcante, contingente para los demás, que incluso nos dejaba entrar y hacernos participes de las preocupaciones que preocupan al arte y a un artista: pequeñas investigaciones en un taller con luz diáfana, apartado, solitario; y de pronto grande, resplandeciente y cargado de conocimiento necesario para entendernos.
Hace apenas 15 días y luego de estar ocultos por cerca de 10 años de la luz y de la mirada de todos, aparecieron en el taller de mi hermano cerca de 50 trabajos de dibujo, de los cuales nadie conocía su existencia; a mi parecer este "escondido" fue la guaca que Álvaro dejó en su querido espacio y en la casa materna, quizás continuando esa tradición del entierro del objeto valioso por temor al banquero y al expoliador. Yo también tengo mi propio "guardado" y creo que todos los artistas confiamos en esta práctica, motivados por lo que dije arriba, cuando mencioné la desgraciada perdida de memoria (responsabilidad ineludible de lo llamados directores de cultura, directores de museos de arte modernos pobres y miserables, de los dueños de los medios de comunicación de clase o no; y también culpa mía, no joda, por tener tantas maricadas encima, por ejemplo estar preocupado por mi propio trabajo plástico).No importa ahora de quien es la culpa, lo interesante es que al cumplirse diez años, la rabia de esos trabajos ( el acervo portentoso del dibujo), cobra vida y sale de su zilo, desafiando de nuevo la frágil memoria y reclamando una presencia que todos han querido invisibilizar, o sino ¿ por que la obra de Álvaro Salamanca inexplicablemente no ha sido tenido en cuenta en los catálogos que se afana en hacer el Banco de la Republica, cuando hablan de los artistas en cada decenio? Yo como investigador-docente y artista plástico requiero una respuesta responsable.
Ni Máximo, ni Mantilla, ni Spinosa, mi hermano no fue ninguno de ellos, porque ¿para qué? Tampoco fue Cifuentes, Toloza o su otro Salamanca, porque estaba en "otro cuento"; mientras todos nosotros nos disputábamos en peleas personales lo poco que el imaginario de reconocimiento que cada uno necesitaba para sentirse medianamente vivo, el Salamanca subía a la montaña más alta a mirar el espectáculo. Su pintura (vaya dificultad de análisis nos cuesta) se encontraba en un momento de decantación de una gramática particular; quiero decir que ya había batallado todas las guerras que equivocadamente la académia nos impone, pero también había superado la falacia del asqueroso mundo del arte; y ahora digamos "saneada" de tanto vicio se proponía el incursionar hacia la experiencia privada, nicho sagrado donde no hay nichos sino carreteras de tráfico lento y pesado, pero siempre cargado de ganas y cosas que decir. ¿En que momento se encuentra nuestra obra? quizás no haya nacido apenas, o quizás sea un zombie que como los profesores de arte aparentan estar vivos pero en realidad se encuentran muertos. Salamanca si está muerto, pero no como quisieran los que gobiernan la trascendencia de la memoria en el departamento, ya que su obra nos indica que el camino del artista es otro, señora directora y señores, el camino del artista es la guaca, es el pequeño descubrimiento que atesora a diario en su destartalado o lujoso taller; pero es aún más: el camino del artista es la resistencia constante por que una memoria no sea dilapidada sin más en una tierra donde el estoraque manda, al igual que el bodegonero de moda y la vida traicionada de posibles artistas que tuvieron la mala fortuna de vivir no de lo que hacen, sino de lo que le dicen que es el gusto.
Este es mi homenaje a la labor de un artista con mirada amplia, cuya obra ahora sin vitrina ni sombra cada día se levanta y me dice cosas, como debe ser la importancia de una obra de arte, que se rebele y deje obrar y deje abrir, y deje amar, con todo para resistirse a la muerte que la tenemos pegada a nuestras espaladas. Entiendo una obra de arte si cumple estos presupuestos o si no esta muerta y con ella la vida desperdiciada de su autor, pienso con tristeza en la vida desperdiciada de Oscar Rodríguez Naranjo, por poner un ejemplo local, tan preocupado en sacar el albúm fotográfico cada vez que la familia "bien" quería el mismo lago con cisnes y la mujer en extrañas poses de danza, que no dice nada, ni reflexiona sobre nada, ni digiere la belleza a la cual todos hacen referencia. Este es mi homenaje a un artista que quiso hablar de sí mismo sin abusar de la maldita representación y repudiada metáfora y cargó de elementos fundamentales una obra sin ánimo testimonial ni de epitafio, simplemente puso en funcionamiento la creación no demiúrgica en el laboratorio de lo plástico: idea integra, solución clara, lo cual es diferente al lenguaje, ya que éste ni es integro ni es claro, ó ¿es que acaso los artistas nos dejamos creer el cuento de que somos traductores y comunicadores? Sólo somos eso elemental lleno de crisis, lleno de confusión y lleno también, ¿porqué no? de constantes contradicciones: Yo en lo particular desconfió del que se dice artista coherente, con estilo definido, con una gráfica particular como si se tratara de tísicos celosos de su escupitajo.
La obra se Salamanca es una suerte de virajes críticos sobre reflexiones que atañen a la técnica, al supuesto "talento evangélico", y a la experiencia privada, todo ello en la mecánica de la fe, pero ojo, no la fe cristiana ridícula y castrante, sino una fe entendida por el arte y ejecutada por todos nosotros quienes quisimos reconocernos en el abstracto de las sensaciones.
Álvaro nunca he querido voltear a mirar tus cenizas (gris ceniza), por que ese que he de encontrar allí no equivale al pensamiento disidente, ni al color, ni a la textura, ni al exquisito e inteligente dibujo al que asisto en el ofertorio de imágenes de tu arsenal. Así duela: hizo parte de una escuela donde no pueden haber escuelas ¡Un clavo, sin lugar a dudas!
Oscar Salamanca
artista plástico
PHd en artes, U. de Barcelona.


Cuauhtémoc Rodríguez Sevilla dijo
No hay belleza en la obra de los salamanca, no se me malentienda, digo que lo que los Salamanca hacen en la pintura no esta motivado por la busqueda de la belleza pictórica, fieles como son a la técnica académica, fidelidad por la tradición, por los límites de la disciplina, lo suyo es la rabia, a la manera de los grandes felinos nos cautiva la sublime elegancia de su fuerza.
26 Julio 2007 | 03:30 PM