Retrato y paisaje, peleles transgresivos

Apenas ayer en plena clase enuncié que el arte (la conciencia sobre qué es arte o qué no lo es, es apenas una intuición que requiere de su respectiva certificación) tiende a convertirse en una especie de trasgresión de aquellos que trasgredieron algún día. Hacía caso a una intuición muy evidente: la resistencia. Sobre la resistencia Deleuzze nos introdujo en una refrescante manera de sentir qué puede ser la libertad en un mundo cada vez mas coercitivo( “El espíritu está retrasado con respecto a la naturaleza”). Sin embargo, el discurso de la libertad- (¿relacionamos la libertad con el espíritu?) ha sido muy maneado en casi todos los discursos sobre el arte; casi todos nos metemos en estas discusiones, pero en realidadbuena falta nos hace tomar distancia de lo que se dice para escucharnos y poder enunciar que no existe tal libertad, ni que el arte sirve para algo tan objetivo, ni que en muchas propuestas plásticasha desaparecido por completo el espíritu y la naturaleza. Entonces la resistencia es el objeto, es decir nuestra mirada sobre el objeto: la resistencia convierte al objeto en cosa importante que comunica, insertándose y significando el contexto que lo produce. El objeto resiste la mirada con intención tradicional y como lo dijo un estudiante “lo anticuado”. Hace años no escuchaba que lo anticuado pudiera ser una categoría del arte y mucho menos una posibilidad del ser; sin embargo lo anticuado es una posición que resiste y por eso es valida, aunque no sepamos precisamente cual es el objeto de la resistencia que lo anticuado pueda generar, puede ser quizás el cansancio de hacer cosas muertas sin naturaleza, sin espíritu, ya no importa cual de ellas dos corre más rápido.

El retrato al igual que el paisaje- al parecer- han desaparecido del discurso contemporáneo del arte; la picnolepsia que atañe al paisaje y al retrato viene dada en exclusiva por la vinculación de la representación: esa doble presentación de lo real; el objeto en ese camino de transformación sufría por la influencia de una subjetividad siempre en crisis, que pretende a todas luces decir cosas que el individuo calla o no sabe. Por lo anterior nuestra idea del paisaje y del retrato conserva del pasado sólo su caparazón; nos hemos de meter en un paisaje y retrato moderno (única manera de entender lo posmoderno)para generar allí, en su interior, la biliosa búsqueda de su mecánica y así poder llevarla al extremo. El paisaje y el retrato no han perdido posibilidades metafóricas y simbólicas para producir sentido a través del arte, al contrari,o con obras de carácter axiomático hemos asistido a una confirmación evangélica que en nada se parece a sentarnos toda una mañana a tomar el sol y matar mosquitos ansiosos de esencia de trementina. Se puede enseñar paisaje y retrato siempre y cuando descubramos la escisión que los separa entre naturaleza y espíritu , pero no como formula de comprensión del mundo, pues hemos olvidado definitivamente a Pisanello;¡ por supuesto! muy a mi pesar.
o.s

MARIA dijo
ES MUY.....
14 Mayo 2009 | 11:00 PM