La Coctelera

oscar salamanca

artista plástico

7 Noviembre 2007

CARTA A JORGE, sobre la manipulación en el XII Salón regional de artístas zona oriente.

Jorge, me dices en tu carta cosas para mí completamente desconocidas, por ejemplo, haces alusión a un señor que publicó una nota en un periódico local de Bucaramanga, según tu, banalizando con saña y mala intención, tanto tu obra como mi observación crítica; la verdad no se a que nota te refieres, no la he podido leer, sin embargo me imagino que, el medio de divulgación y el articulista, han sabido aprovechar la ocasión de lo mediático para enfrentarnos a nosotros, artista y curador en un juego cruzado de malas informaciones graficadas en “pela casada” en el regional. Esto sin duda vende mucho y pone el condimento necesario que nutre la contienda plástica, ya que la otra, la política ya ha pasado. Aunque amigo, sé que no necesitas más explicación que la que te he dado en mi respuesta a tu reclamo por la carta de las “dos Protevias”, debo decirte que mi intención al generar discusiones, se aleja de provocar en ti o para ti, atmósferas oscuras, o nebulosas disangelicas; todo lo contrario, me interesa producir documentos críticos sobre el XII Salón Regional de artistas, me interesa “destajar” lo sobreentendido y estudiar, escrudiñanado el sentido, así no tengamos claro qué es el sentido completamente aplicado en la producción de nuestra propuesta plástica. El curador, o mejor, la curaduría tienen esa responsabilidad de descubrimiento del sentido a través de la participación de obras y cargas filosóficas. La contienda en la que pretenden colocarnos los medios no tiene peso ideológico por la pobreza de su mirada y argumento; nosotros nos encontramos al margen de estas cuestiones porque nuestro mundo es el mundo de las ideas, lo que ocurre es que de repente somos intangibles, saporíferos, ingravidos y, precisamente esa maleabilidad flexible es la que nos enfrenta al peso de la realidad ahora más hiperreal que nunca: el problema de la fragmentación, el territorio y la resistencia perfora el terreno del individuo y hace que abordemos con rabia nuestra propia inconsistencia de tradición, de borde, de frontera, de nacionalismo, de ecologista en la oportunidad.

Mi conflicto, si llegase a existir, es contra la misma cultura y la representabilidad institucional que ella se esfuerza en mantener; mi conflicto es contra la manipulación, de problemáticas tan severas como el hambre o la inequidad social, el maltrato de los animales y la muerte por la ignorancia de nuestras guerrillas y ejércitos paramilitares u oficiales. Mi conflicto es por la actual conformación de mundo, nihilista y vacuo, también por el abuso de la cultura que ha logrado minar la obra y destituir el presupuesto del arte, todo por la relevancia del poder del dinero como valor único de intercambio.
En tu carta de respuesta ante las protervias, intentabas alejarte lo más posible de mi crítica al museo, ese espacio ambiguo lleno de fisuras; te alejaste de mi comentario olvidando fácilmente que tu y yo le pusimos al museo Nacional de Colombia, hace ya unos años, un claro aviso, cuando logramos elevar las denuncias de malos tratos recibidos en este espacio museístico, acuerdate que nos “perrearon”, es decir, nos echaron perros bravos y mientras a ti te alcanzaron los colmillos, a mi me destrozaron los anteojos. Nada de eso ha sobrevivido hoy, nada de esa memoria queda.

He recibido diversas cartas de artistas santandereanos, son cartas de apoyo y solidaridad, pero otras en tono agresivo y amenazante; pero ni unas ni otras han logrado desviar la problemática de fondo: existe una inconformidad de buena parte de los artistas de Santander frente a su museo más representativo, casi todos demuestran que esta institución no cumple con el propósito para la que fue creada.

Respecto al Hambre y su manejo internacional, sé que tu propuesta es sólida en la medida en que evites sobredimensionar, precisamente su excesivo manejo; es muy triste utilizar algo tan drástico en beneficio de una salida artística o una pose de "revolucionario" o “rambo”, ya que todos sabemos de lo pírrico que resulta la revolución y el cinismo enmascarado; más bien yo insistiría en la indiferencia y la invisibilidad imperante, que entre otras cosas, nos convierte en monstruos insensibles e indolentes. Jorge, los colombianos ya no sentimos compasión ni dolor por el problema ajeno, nos han castrado esa posibilidad humana de enfrentarnos ante la realidad del otro.

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