La Coctelera

oscar salamanca

artista plástico

21 Noviembre 2007

CARTA A AUGUSTO SOBRE EL EXCESO EN EL XII SALON REGIONAL ZONA ORIENTE

Augusto, pintor del misterio de la cosa recogida del suelo, que te niegas a defender la elite y la burocracia artística, en tu carta me dices con extrañeza que todo en el mundo parece haberse vuelto un “amasijo” incomprensible e inseguro. El arte es indefinible como lo es la misma naturaleza y nosotros como artistas semi- inválidos, no sólo nos parecemos al indigente del amor sino también al ignorante, pobre esteta de escuela. El exceso es la clave según consta en el manifiesto que todos nosotros, los llamados posmodernistas de la resistencia quisimos firmar. A partir del exceso enfrentamos el vicio cáustico de la expresión y tu pintura completamente expresionista es perfectamente contradictoria, debido a la lógica geométrica de la disidencia y el basamento del estatuto evasivo en el pensamiento. Augusto, la pintura es adición y sustracción, es técnica y nostalgia poética, finalmente termina, pintor del color rabiosos contagiarnos a todos de los problemas de la pintura, de tu pintura, ahora extendida y agotada por tantas confluencias.

Hemos de asesinar, de desterrar para siempre la expresión; de nada vale expresar con exceso en un mundo del exceso la expresión, por ende, amigo pintor de obras bidimensionales y cuadros paradigmáticos de lo moderno, ha dejado de interesarme la pintura, quizás por el aburrimiento y otros excesos, siendo un ejemplo, el exceso de la manera. Un cuadro no es sino cuatro lados, una obra tuya son más lados y mas recorridos, a veces justificados pero no en este caso. Me enfrento a tu trabajo con el prejuicio de la expresión y salgo victorioso, ya que en realidad la expresión es una tránsfuga la cual se nos representa ahora más vacía que en ninguna otra época precedente. En realidad, la expresión concebida como el letal virus que es, no hace sino alertarnos sobre una expresión normalizada en todas partes y por ello, y sin razón, una expresión instaurada como marca indeleble en la definición de nuestro pensamiento posmoderno. En este sentido, la resistencia consiste en oponerse a aceptar sin mas discusiones la expresión sentida como único elemento de análisis y comprensión de la anti-objetual obra del arte hoy. Tu eres pintor, y sabes de la dificultad que representa este complejo sistema de producción de sentido; toda la vida te has esforzado en posicionar tu mirada a través de la extrañeza del cromo y la exacción de una textura; en otras palabras entiendes que el problema de la pintura es el espacio, que los problemas de la pintura son los problemas del mundo, si quieres, y como una añadidura, puedes creer que el límite es en realidad el problema de la pintura. Tu pintura se rebela a la herencia de la mirada, también de la completitud y la individuación; no es participativa y obligas a un recorrido desobligante y exhausto del vestigio de la tela, de la prueba inerme de la presencia del arte. En tu pintura vas dando tumbos de aquí para allá creyendo que la textura terminará por salvar el exceso del tono gris mental que todos los pintores tenemos por mirada ¡nuestra ceguera es impresionante! Nada en tu pintura requiere del exceso, ya que ella misma es el exceso mismo, tu pintura se excede en el momento del agotamiento de tu exigencia; en algún lugar y en algún momento de tu pintura parece escucharse un grito detenido y angustiante, algo que continua retumbando en la sala de exposiciones, aunque la sala siga muda y estática, casi hierática y sagrada ¡ nadie se pasea por la sala, pero el grito de tu pintura sigue retumbando en la desvencijada galería! Las obras tuyas, Augusto son verdaderos desafíos de cansancio del trampantojo, porque la realidad, o, la verdad en ellas ha dejado de habitarlas, la verdad en tus pinturas ha huido sin remedio. Miro tu obra y aparece la desidia, pero no del arte, sino de las cosas del mundo que terminan sin provecho siendo las cosas de la pintura. Cuantas veces no dijimos mientras verificábamos la pobreza intelectual del arte en nuestra región, que para acrecentar las huestes de nuevos pintores curiosos y atrevidos por su ignorancia era necesario ascender en un escalón frágil de papel, subirnos al último escalón, pero con el ánimo de esperar, por qué no, esperar la ansiedad y el desasosigiego de la confusión que el mismo arte produce. Mi lugar es el último peldaño, pero, también, mi lugar es la resistencia que termina por socavar lentamente la horadada influencia de una tierra estéril y excedida por el exceso sin sentido. Augusto, pintor, miro con tristeza la ganancia de suelo en tu obra, la innecesaria amplitud del campo expositivo y la nerviosa necesidad de afirmación del yo por la pintura, rica ella de grises, de solitarios grises y nostalgias, sí, nostalgias de otra época y otros escenarios.

o.s

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