CARTA A JORGE MAURICIO SOBRE EL ESPACIO EN EL XII SALON REGIONAL DE ARTISTAS ZONA ORIENTE
El espacio, sinónimo de amplitud y expansión vuelve con la rabia de un soñador interrumpido a las discusiones que sobre el arte contemporáneo dedican pensadores de “tinto” rápido en un sótano de billares de pesada atmósfera. El espacio se queda en nuestro discurso del postmodernismo de la resistencia, resistiendo los embates del pensamiento mediado por la línea telúrica, recorriendo, penetrando insulsamente una vieja pared de museo agrietado. Tu obra en realidad se me presenta ahora con una luz mortecina y amarilla, pero eso sí cuidada por un decadente y cansado montaje general del salón regional de la zona oriente que nada propone, que nada aporta, por su extrema normalidad cartesiana y lenguaje super-predecible. Señor montajista (no crítico, no curador) montar una exposición es otra cosa, quizás sea un plan imaginado y justo con la región donde las obras no se conviertan en pretensiones del coleccionista o política de museo; señor montajista (no crítico, no curador) la obra no puede perder su naturaleza por encontrarse afuera o adentro del museo, la obra sigue su camino e identidad, si es participativa, es participativa, no importa si me la compraron en millones de mentiras y ahora le pertenece a una fundación.
En el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, lugar con altas y seguras rejas de metal oxidado se expone en este momento la bella obra de Jorge Mauricio, una instalación conformada por emisiones extraviadas de ondas en el espacio con apariencia entre ficticia y dialógica, las cuales van del mundo de la cotidianidad al extremo del intelectualismo. En la instalación de este joven artista ( el se niega a participar de esa generación de artistas jóvenes, quizás por que encasillar artistas y obras por la edad, no sea sino un vicio parecido al querer encajonar obras hechas por prostitutas o enfermos mentales), lo más importante es la ubicación del intangible objeto del espacio, ahora convertido en axiología a medias, lleno de emisiones de mensajes que, entre otras cosas, sugieren la apreciación prevenida. En realidad tu obra no es una instalación en estricto significado, aunque lo anteriormente dicho se cae de su peso con el sólo hecho de convocar el mural pre-renacentistas, primera instalación, donde en efecto se instalaron ideas. Tu obra no es una instalación sino una obra bidimensional con ideas y excesos de frontalidad, un refugio seguro para un dibujo ontológico nervioso, desesperado (rápido, no premeditado) con abuso de comunicación y referencias bibliográficas, algunas de ellas implícitas, otras las más volatiles, evidentes (un tanto grises), pero en cualquier caso tan crípticas como ajenas a su propio desarrollo, un extraño canibalismo metafórico donde se ha sentenciado a muerte la ilusión sin ritual ni cortesía. Jorge Mauricio la herencia constructivista en tu trabajo conecta la tradición del organicismo de cuño neobarroco latinoamericano, ya que en ella se interpreta el movimiento, la soledad, el volumen y la confianza absoluta en el conocimiento, pero un conocimiento obligado a informar excesivamente acerca de las cosas del mundo enciclopédico. Este presupuesto (método, sistema) si se quiere seguro, terminará por consumir tu trabajo con todo y citas de pie de página, debido a que el instrumento de la narración literal o misteriosa, muchas veces es mejor convocarlo en situaciones de máximo peligro. Me pregunto por la narración y la literalidad, también me cuestiono la presencia de la contra-representación y el abandono de la cita en la conformación de la obra de arte actual; la única respuesta que asoma desprevenida, amigo pintor, es la temeraria dependencia del medio de la pintura en la solución plástica de la instalación instalada en el museo muerto. Jorge Mauricio el sistema de pintura migra por todas partes, tú lo has visto, y yo lo he intuido, algo perfectamente contradictorio construyendo el espacio desde la perspectiva de un pensamiento neo-pictórico de caverna intelectual.
Oscar Salamanca
