El Yo enhiesto del XII Salón regional de la zona oriente
Hola artista, me interesa la crítica sin ser critico, ni pretender serlo; de hecho, aún no sé si hablar o comentar sobre algunos fenómenos como el arte, la religión, la poesía o la información, realmente sean materia de interés para nosotros, para nuestro ecléctico e inamovible grupo alrededor del arte. Ya algunas personas se han quejado de mi insistencia en recuperar la carta como móvil de comunicación, se quejan de tantas cartas que van y vienen. Al respecto pienso que en esta época se ha perdido la paciencia por la correspondencia y con esta pérdida se ha destituido, tanto la ficción, como el discurso en general: del profesor, del literato, del poeta, del artista plástico. No pretendo, sin embargo, recuperar la pedagogía, ni tampoco educar a nadie, ni siquiera intento formar con la recuperación del discurso; al contrario, mis cartas hablan todas ellas de desinformaciones e intuiciones ¿qué más puede surgir de un artista, si no es la intuición? Yo he criticado la pintura del salón, pero no sólo del salón de la zona oriente, sino la pintura de varios de los salones que he visto hasta ahora. Mi crítica refleja una decepción por la pintura, una intuición protervica de un medio excedido hasta el vacío; pero mi crítica nunca ha tocado la subjetividad, más bien se ha encausado en tratar de digerir tantas ontologías, de tantos autores y de tantos posicionamientos: región, ego, sentimiento, estética disfórica, tecnicismo y por último confusión del color. Por eso celebro la escritura, ya que la letra ha devenido arte; hemos, como dice el pintor Vidal “cocinado” la escritura, hemos convertido, bajo la premisa del tiempo, la palabra en obra, la sensación en imagen, porque de algún modo la fuerza de la palabra y la sinergia de la sensación hablan de nuestro compromiso de ser.
