LA FIDELIDAD, por fuera de la proclividad contemporánea al amor..
Las relaciones de pareja, cuando son inteligentes, asumen acuerdos y respeto por espacios individuales que, independiente del estar con el otro, representan, a todas luces, el espacio básico y personal necesario para poder ser. Algunas parejas, conscientes de esta necesidad, tratan de crear islas o lugares atemporales para cada uno, los cuales cobran una nutritiva sustancia cuando se concreta la hora del reencuentro, el tiempo para los dos.
Definir el amor es imposible, pero lo que sí es posible es definir la proclividad del amor. Se deduce que existe una preocupación constante en todos nosotros; un algo en que pensamos constantemente y que se convierte en materia de búsqueda permanente. Esto es la imagen del amor. Digo la imagen del amor, pues para mi comparten características; es decir, aparece como un efecto expectante pero se diluye cuando intentamos asirla como una sustancia totalizadora. Nosotros no podemos apropiarnos definitivamente de una imagen, siempre surgirán nuevas posibilidades y maneras de entenderla, de verla, de comprenderla. De hecho, la imagen, como el amor mismo, es una representación de los deterioros contemporáneos de nuestra vida, de esa imposibilidad de la comprensión total, de ese alejamiento cada vez más pronunciado de un solo sentido originario. Vemos infinidad de imágenes a diario, las más de las veces carentes de significado o sentido; amamos infinidad de veces y huimos del compromiso de nuestros sentimientos por el deterioro posible de la vulnerabilidad que esta situación produce.
Siguiendo las lecturas de Bauman sobre el amor, podemos concluir que, en efecto, la vida contemporánea no cree en los compromisos permanentes. Las cosas de la vida vienen con sus cargas conceptuales y simbólicas, el amor viene con su naturaleza transformadora, pero una y otra harán un recorrido de vuelta ante nuestra asepsia generalizada; con ningún compromiso nos hemos de casar para toda la vida, la idea es el transito fluido y como dice Bauman, líquido.
No obstante la liquidez del amor (yo digo la volatización del amor), sigue siendo uno de los grandes problemas nuestros. Echemos una mirada a nuestro alrededor para darnos cuenta del grado de problematización que el amor ocupa hoy. Una amiga, por poner un ejemplo, renunció a estar con su pareja cuando éste le dijo que ya no la amaba. Me pregunto: a qué nivel de responsabilidad amatoria corresponde el hecho de decidir que ya no se ama a alguien con quien se ha estado casi 10 años compartiendo una vida. Mi opinión es que el amor, por su misma naturaleza gaseosa, viene, transforma y se va, dejándonos a nosotros frente a otros sentimientos, si se quiere, relacionales. Mi amigo tenia razón ya no la amaba, pues el amor terminó huyendo del compromiso aplastante de la convivencia diaria. El problema consistió en no comprender esa liquidez. Miro otros casos y me enfrento con lo siguiente: El, un señor maduro, casado y con una vida económicamente definida, decide establecer una relación paralela con una joven, quien se encuentra atravesando su época de descubrimiento del mundo. Entre ambos media el hecho de saberse, cada uno, comprometido con alguien más, ellos, entonces son amantes. La idea o acuerdo a la que han llegado desde el inicio de su relación es que cada uno gobierna su cuerpo como quiera, lo que permite la libertad necesaria, no sólo para tener más relaciones con otras personas, sino el espacio y la confianza para compartir esas historias. El problema tiene que ver con el amor, quiero decir, el amor ha hecho posible que dos seres, cada uno con su vida de pareja estable, comiencen juegos amatorios donde lo nuclear es el deseo sexual. Aquí el problema de la proclividad del amor comienza cuando en ese acuerdo aparece la fractura producida por la pertenencia. La sentencia sería: No puedo exigirte lo que nunca he podido darte. No puedo convertir una relación proclive a un amor sexual sin compromiso, en el compromiso sinónimo de pertenencia del cuerpo. Es clara la consecuencia: ya no son amantes, han pasado de una zona libertaria a una zona de dolor, prohibiciones y celos. El señor adulto no soportó que la joven tuviera otras experiencias sexuales, una cuestión de egos y territorios.
En fin, mi preocupación consiste en indagar acerca de la proclividad del amor en la producción de sentido, en particular producción de sentido desde el arte. Soy pintor, hago obras plásticas y visuales, veo en el amor un caldo de cultivo rico y poco explorado a pesar de su gran influencia en nuestras vidas.
Aquí empieza, con base en imágenes y textos, con un enfoque romántico, cursi, banal, superficial, cínico, cáustico o profundo, un camino de lo etéreo a lo concreto. Con todo, la fidelidad, al parecer, se encuentra fuera de la proclividad contemporánea al amor.
