La Coctelera

oscar salamanca

artista plástico

24 Agosto 2008

ACALLAR LA VOZ DEL MUERTO INSEPULTO

La voz no es la del sepulturero, pues este trabajador del humanismo nada tiene que ver con la protervia cancerígena del mal profesor o el cura, ambos profanos del pensamiento creativo.

La civilización tal cual ha llegado a nosotros la componen dos tipos de seres humanos, a saber, inhibidores y desinhibidores. Los primeros logran subdivisiones complejas y extrañas, difíciles de identificar. Existen inhibidores encargados de crianzas de seres humanos por la luz de su pensamiento, y porque simplemente ven más a la distancia que otros. A estos les hemos encargado la ardua tarea de una transmisión clara y libre, sustento del arte y la vida digna. Existen, sin embargo, otros inhibidores, que difieren de los anteriores, porque ellos, a sabiendas de su posición de poder frente a los demás, instauran a conciencia el peligro y la pérdida de sentido en la vida humana por efecto de la simulación y desviación del conocimiento. Es decir, mientras unos reelaboran un riguroso plan de sentido a partir de la experiencia del otro libre y pensador, otros domestican seres humanos. Cuando el pensamiento subyace a la mansedumbre y la virtud de una norma escolástica, deviene el ser humano disminuido, lleno de gozo, seguro y ante los demás siempre alegre, siempre ameno, siempre humilde. Nosotros, al parecer, habitamos y conformamos ciudades de seres dispuestos a la virtud y la alegría constante, por ello somos, también, seres insignificantes y susceptibles a la domesticación, seres humanos chiquitos en la vida de gigantes, donde el lobo ha sido convertido en perro domesticado. Me alejo del inhibidor de conciencia porque es nocivo al pensamiento y enemigo del aporte de la letra leída y el concepto comprendido libre, riguroso, individual y privado. Me alejo de él lo que más pueda porque he de preservar la literatura como la acumulación que es de lo que nos reconocemos en lo humano y la cultura. No acepto que la creación (artística o artesanal; virtuosa o mediocre) sea ajena al saber y la transmisión. De lo que se trata el mundo de hoy es el mensaje de los otros; yo comprendo lo que dicen por los relatos de sus obras y la fuerza desinhibitoria de lo que sus experiencias nos aportan en ese distanciamiento diario de la muerte que es mi mundo. ¿Para qué un arte idiocio? de esto hay mucho y por doquier. La literatura y el arte no nos quiere pequeños ni complacientes, tampoco siempre felices e inofensivos; por el contrario, ellos nos quieren inhibidores-desinhibidores de un rebaño contingente de vida. Nuestro manifiesto será acallar la voz del cadáver insepulto en la figura del inhibidor de conciencia y la muerte. ¿porqué he de alejarme del texto y el discurso? ¿porqué coloco en situación de rivalidad la literatura, la comprensión del arte y la filosofía respecto de mis procesos de creación? Por lo menos el sepulturero y sus prácticas de enterramiento, sabe de la importancia de su oficio desinhibidor ante la vulgaridad de la exposición de la carne descompuesta y el aliento pútrido.

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