El plagio y el apropiacionismo

Pintado por Chucho; Instalado por Chucho en la galería de Calí.
Obra de Oscar Salamanca
año: 2008
Sin asumir posicionamientos morales ni códigos éticos unívocos y únicos, es preciso alertar sobre la facilidad con la que se incurre en la academia en algo denominado plagio. Pero ¿Qué es el plagio en una posmodernidad flexible y permisiva? La pregunta, al parecer, la dejamos confinada a aquella zona de la literatura, el texto académico o el poema, ya que en la formulación de la obra de arte quizás preguntarse por el plagio, la copia, el original, lo ético ha quedado desterrado. En el proceso creativo de la obra de arte hoy es muy complejo hablar de plagio en el sentido literal de la palabra, es decir como un acto de apropiación no ética de un elemento constitutivo de una obra de arte, ya que precisamente, lo que podría entenderse como plagio desde una óptica ecléctica para algunos, en realidad puede ser una propuesta plástica que aborde problemáticas relativas a los conflictos de identidad, origen o lugar y razón del arte. No obstante la amplitud del marco referencial interpretativo del plagio, sí es evidente que el acto de apropiación de textos, no como idea para el arte, entorpece y oscurece los procesos académicos, en la medida que copiar literalmente haciéndonos dueños de una idea o un contenido simplemente no implica el acto de pensar. Este es el problema de fondo: el plagio empobrece el pensamiento, debido a que no permite el esfuerzo por construir y asociar las divergencias del pensar, tampoco deja establecer una posición particular. En cambio lo que se podría entender como apropiación o plagio desde la academia, en el proceso constructivo de la obra se convierte en fundamento con intención y participación conceptual. Aquí ya no se habla de plagio sino de procesos apropiacionistas, mecánicas complejas conceptuales donde prima a todas luces el pensamiento y el desarrollo de visiones críticas. En este caso habrá que abordar con fino tacto las delgadas líneas de los actos de apropiación para así determinar sus alcances en esta retícula de lo moderno expandido. Ya que si bien es cierto que estamos en un mundo donde cualquier cosa es susceptible de ser considerada arte, también es cierto que existe un mundo de razones que impiden ver y comprender el arte desde el paradigma de lo no propio.
En conclusión, coexiste una brecha muy grande entre hacer plagio académico y plantear el apropiacionismo como laboratorio de creación plástica. El primero debe ser erradicado y perseguido porque destroza el pensamiento; el segundo, desde la atmósfera teórica, implica el doble esfuerzo desinhibitorio de no vincular lo ético y lo moral en la construcción de la obra de arte.
Oscar Salamanca
