unas de nieve, otras de lluvia, Bilbao por Salamanca
En Bilbao llueve. Son los últimos días de otoño y el frio viene con rafagas de intensidad polar unas veces, y otras, como queriendo acariciar el aliento suave de la primavera. En Bilbao llueve y con esa lluvia, leve pero insistente, se van aclarando ideas irresueltas de varios de mis proyectos artísticos, los cuales, pienso, pertencen aquí como a Colombia, porque hablan de cultura, paz y sociedad. En este sentido el arte tiene una dirección, y si vamos un poco más allá ,tambien podríamos decir que una función cuando, misteriosamente, se van interconectando imagenes, sentido y contexto en una amalgama de situaciones de orden circunstancial. En Bilbao llueve y ellla nos recibe, en medio del agua tímida y la luz mortecina de la 8 de la mañana, un bilbaino para sacar ante los turistas varios ases de su ciudad, claves para formarnos una idea de civilización por descubrir, y de paso, para irnos amándola por su valiosa cercanía a un equilibrio y sentido de humanidad. Me pregunto : ¿el datalle hallado, el sonido grabado, el color prefigurado representan una solución a problemas que la distancia ha podido diferenciar en categorias, en prioridades de información? La respuesta me situa en medio del conflicto, en medio de la barbarie y en medio de la denuncia frente a la guerra en mi país. De repente, en la exposición de Twombli en el Guggenheim, una obra escondida salta de su rincón para decirme que la paz del rojo es en sí una calida aproximación a la belleza telúrica de un camino doloroso y crítico. Supe que la lluvia y lo humano, que el juego de oposiciones que me brindó Bilbao es un recorrido de aperura y disección, acompasado como el tañir de las campanas de una iglesia del casco antiguo que da a la ventana de nuestra habitación: un sonido grave, luego dos sonidos dulces y agudos, al final, otra vez, el sonido grave.
