Pereira: tensión subterránea
La calle ahora parece un amasijo de peligros dificiles de sortear. El miedo tiene que ver con la violencia latente de una ciudad sumida en el desorden del irrespeto ciudadano y la ley de la imposición irracional frente a la libertad del otro. Este es el retrato cuando el retorno al país representa un estado de angustia, imperceptible cuando se lleva un tiempo viviendo en la ciudad.
Pereira es una burbuja para transitarla en vehículos grandes y fortificados no para caminarla, pues se corre el riesgo del insulto facil de la muerte súbita del derecho.
Miro atónito la matanza de palestinos por una guerra parecida a la nuestra, eso demuestra que la ignorancia es un mal común y que la paz se convierte, de la mano de un puñado de macarras de lo moral, en un artificio, un afilado cuchillo de la indiferencia. Cualquiera que vea un poco más saldría corriendo ante tanta soberbia morbida cuando se amalgaman conceptos y prefiguraciones, yo mismo caí en esta estupidez hace días.
Sigo pensando en la tensión violenta de Pereira porque el miedo es vandálico cuando se cuela a través del disfraz aseptico de creer que nada pasa, como si la superviviencia de nuestra cultura dependiera del agujero y el socavón de todo un pueblo viviendo en el mundo subterráneo.
Odio profundo a la Israel genocida y a la amalgama violenta de unos pocos ciudadanos de bien pero de estética lustrosa de oro y muerte
Señor presidente de la república cuanta sangre tiene la medalla con la cual acaban de homenajearle. Pereira te hemos premiado de dinero y sexo.
