La Coctelera

oscar salamanca

artista plástico

15 Junio 2009

Arte con la indigencia, Verona y Salamanca en Disangelio.

Oscar Salamanca, fotografía Elmer Alberto García

Verona, fotografía Luís Apolinar

Que ¿para qué les toma fotografías a los indigentes riéndose de ellos? Sí, uso la risa acompañada de una imagen de hombre exitoso, de todas maneras diferente a mi semejante humano caído en desgracia. Mi risa es la encarnación de todo el mal sobre mí mismo sin posibilidades escapistas; quiero decir muchachos, eso que todos hacemos como una práctica: mirar para otro lado, ignorar y ser indiferente frente a la desagradable imagen de alguien sumido en tanta mierda. Me rio del indigente, de la miseria humana porque estoy en la misma condición de precariedad, lo único que me diferencia es que lo puedo ver, así sea con retículas gruesas y usadas enmascaradas de arte o academia.

El hombre miserable que vive en la calle acepta tristemente el dinero que le ofrezco por permitir la construcción de una imagen vergonzosa de él y mía, cada uno miserable desde su posición: yo por conquistar su dignidad por dos mil pesos y la promesa abstracta de un trabajo plástico que a la postre ni entiende, ni le importa, él porque por su necesidad vende lo poco que aún le queda cuando ya no hay nada que vender sino su realidad.

Se me acerca un señor de bigote con hambre pero limpio, yo lo rechazo por esa pulcritud, no sirve. Se me acerca otro con mirada más digna, quizás soberbia, consciente de mi operación protervica y de cinismo, acepta la plata y se acomoda para la foto cuidando que se vea el moño retorcido que quedó de su pierna izquierda. De lo que se trata es de reírnos compadre. Luego mi índice de la mano izquierda lo señala justificando la risita, la burla sin miramientos. Mejor me voy, esto se está llenando de fantasmas invisibles que la ciudad va escupiendo como si se tratara de un casting para alguna película de miserias colombianas que tanta risa nos da.

 

Verona y Salamanca en Disangelio 6, ARTE CON LA INDIGENCIA

 

A continuación publico dos textos críticos sobre el Magazín Disangelio 6 llamado ARTE CON LA INDIGENCIA realizados por un profesor de humanidades y por el Comité Curricular de la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Tecnológica de Pereira. Ambos documentos fueron enviados a mi correo electrónico por terceros ( no recibí una copia directa de parte de sus autores). Por este hecho y considerando que son documentos públicos que circulan en la red, muy pertinentes para iniciar un sano debate que toca la hipocresia, la doble moral, la inequidad social, la indiferencia y el anquilosamiento del pensamiento, se publican en este espacio virtual consultado por la comunidad de la Universidad Tecnológica de Pereira.

 Pereira, 23 de septiembre de 2009

 Arte con la indigencia académica

 

Carlos Andrés Echeverry Restrepo

Docente del Programa de Humanidades e Idiomas

Universidad Tecnológica de Pereira

 

Debo confesarlo. Mi primera sensación fue de asombro, de incredulidad. Luego vino la indignación y, finalmente, rabia pura, coraje o irritación plena, sin contar que me considero un hombre poco impresionable. Así me sentí luego de ver unas fotografías y leer la justificación de las mismas, aparecidas en una publicación del semillero de investigación en artes plásticas y visuales DECI - DEPU y del grupo de investigación L´H de la Universidad Tecnológica de Pereira intitulada ‘Arte con la indigencia'.

 

La publicación de marras consta de 20 fotografías en las cuales se aprecia al docente de la UTP Óscar Salamanca, junto a un amigo suyo llamado  Carlos Rojas Verona, señalando y burlándose cínicamente de indigentes y pobres de la ciudad de Bogotá. Fotos en las que aparecen los académicos apuntando con sus índices a menesterosos dormidos y a descamisados que tienen la mirada rabiosa por perder el último gramo de dignidad al aceptar dos mil pesos para el performance pagado por los artistas, imágenes en las cuales aparece el señor Verona riñendo con recicladores por la propiedad de varias bolsas de basura.  

 

No sé que es arte y tampoco he tenido pretensiones por saberlo, pero después de ver el trabajo del profesor Salamanca he construido dos posibles acepciones para tan complejo término: Arte es decir nada acerca de mucho o exponer bastante sobre la nada, así se puede describir el performance "creativamente" denominado por sus autores como ‘Arte con la indigencia'.

 

Aparte de la pretensión del título por asignarle un carácter artístico a la miseria humana, pero sólo a la desgracia captada amañadamente por el lente del autor[1], Salamanca y Rojas no muestran nada nuevo sobre un asunto de importancia para el país como lo es la pobreza, simplemente caen en lugares comunes al reducir la complejidad de tal asunto a fotografías de infortunados menesterosos.

 

Reclama el profesor Salamanca el derecho absoluto a exponer esa realidad que sólo él, a través de sus "retículas gruesas y usadas enmascaradas de arte o academia" puede ver, piensa el académico que su privilegio de "entender" la miseria humana sustenta su tragicómica forma de presentarla, esto es, sumándole una carga adicional a las que ya por costumbre deben soportar los más pobres: La pérdida de su dignidad al posar, por dos mil pesos, como rarezas de circo que demandan una temporal compasión, o en otros términos, humillarse para volver arte aquello que no lo es.

 

El arte, o mejor, lo que algunos creen es una obra artística debe, en mi criterio, respetar ciertos límites así como intenta trazárselos la bioética a las ciencias relacionadas con la vida. No sé si hay ética en el arte, o si la condición de "artista" ofrece patente de corso para banalizar o relativizar aspectos de la vida humana ya de por sí polémicos: ¿se puede, a través de un performance que consista en golpear salvajemente a una mujer, así ésta lo haya consentido, mostrar la realidad del maltrato o la existencia del sexismo? ¿Es "arte" pasar una bandeja con líneas de cocaína para su consumo por parte del espectador? Si respondemos afirmativamente estos interrogantes no habría, entonces, por qué condenar al salvaje padre de familia que golpea a sus hijos o maltrata verbal o físicamente a su esposa, porque está creando un tipo performance más elevado, o no resultarían reprochables las "ollas" expendedoras de bazuco o heroína simplemente por considerarlas museos permanentes en los cuales se expone la dependencia humana a estas sustancias.

 

Como en medicina, debería existir una especie de consentimiento informado previo a quienes "aspiren" a ser retratados o reinterpretados por el talento del artista. En el caso del trabajo del docente Salamanca esto consistiría en haber informado plenamente al habitante de la calle sobre  las repercusiones en su dignidad, como hombre, con las fotografías que éste autoriza a tomar y publicar; explicarle en términos sencillos[2] y no en el lenguaje especializado del académico la finalidad de su trabajo para que, en esa expresión familiar, pueda determinar si participa o no en dicho juego; contarle cómo será visto por otros y qué sentirá después de vender su dignidad o "realidad" si aún está dispuesto a ello. Ni el arte, ni el artista en su nombre, pueden justificar la lesión de derechos fundamentales como el derecho a la dignidad, a la intimidad, a la honra y al buen nombre, o a la libertad, derechos vulnerados a los sujetos de la puesta en escena promovida por los señores Salamanca y Rojas Verona.

 

Otro elemento que amerita destacarse es el intento del profesor Salamanca de sugerir una ruta de interpretación de sus imágenes al desprevenido espectador, en el caso sub examine la imagen no vale más que mil palabras, por el contrario, mil palabras que escribe el señor Salamanca en su publicación intentan, fracasadamente, hacer valer las imágenes de su "obra". Se me ocurre pensar qué hubiese pasado con el orinal de Marcel Duchamp si éste lo hubiera significado en su exposición, o si la pintura de Magritte Ceci n´est pas une pipe tuviera un tratado escrito por su autor, a modo del ensayo de Foucault,  en el cual explicara qué quería simbolizar al poner la frase "esto no es una pipa" debajo de la pintura de una pipa de fumar. Cuando no se tiene nada que mostrar acerca de mucho, se debe recurrir al  último recurso para salvar  la composición artística: tratar al espectador como a una mula vieja, señalándole a golpes el camino que él mismo debería encontrar a partir de la libertad interpretativa, libertad completamente apresada por la vanidad del artista representada en el hecho de esperar que todos pensemos como él, que todos veamos y entendamos al mundo como él presume es. 

 

Por último, quisiera hacer pública una propuesta artística al profesor Óscar Salamanca y a su amigo Carlos Rojas Verona: les pagaré a cada uno un día de salario, no del mínimo obviamente, sino de sus emolumentos promedio como artistas o profesionales de la academia, para que acepten tomarse unas fotografías conmigo en las cuales yo aparezca señalándolos y burlándome cínicamente de ellos, sin hipocresías, de sus títulos de doctorado obtenidos para posar de creativos u originales en materia artística cuando en realidad reproducen malas copias de trabajos de artistas renombrados; de sus publicaciones en revistas indexadas en las cuales reelaboran una y otra vez algún ensayo presentado en sus postgrados pero con palabras ampulosas (como el mismo término "ampuloso") para presentarlas como novedades académicas dignas de unos puntos de más en el escalafón docente y, por supuesto, en la jerarquía salarial; de cómo riñen -peor que indigentes por bolsas de basura- por la letra A, B, o C que les arroja Colciencias, a manera de billetes lanzados a bailarinas nudistas, para tatuárselas a sus grupos de investigación y así tener un tema del cual presumir en cocteles de inauguraciones artísticas;  ridiculizarlos por la sociedad del mutuo elogio que impusieron en la academia con el fin de someter, a su pseudo poder, a posibles disidentes de sus reinados sin corona, y mofarme de ellos por volver fatuo y vacío el ejercicio académico en la búsqueda del reconocimiento de cierto mundillo intelectual. La propuesta queda sobre la mesa señores Salamanca y Rojas y también el título de mi "performance": Arte con la indigencia académica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

[1] El profesor Salamanca en la justificación de su trabajo dice lo siguiente: "Se me acerca un señor de bigote con hambre pero limpio, yo lo rechazo por esa pulcritud, no sirve", dicha frase sustenta mi afirmación de que sólo es artística la imagen amañadamente elegida por el artista. El hambre, en este caso, sólo se "visibiliza" enseñando al más enjuto y demacrado, mostrando la imagen más morbosa y perturbadora, al mejor estilo gore del cine clase b norteamericano, sin embargo, no es rentable desde el punto de vista artístico evidenciar la abstinencia a través de un señor de bigote con hambre pero limpio, para el artista que desea impresionar por su "creatividad" tal retrato no sirve, no resulta diciente. En resumen, para Salamanca el hambre de los limpios y pulcros es menos artística e indigna que el hambre de los descamisados y sucios.

[2] Aquí hago referencia al siguiente párrafo justificativo del trabajo del profesor Salamanca: "el hombre miserable que vive en la calle acepta tristemente el dinero que le ofrezco por permitir la construcción de una imagen vergonzosa de él y mía, cada uno miserable desde su posición: yo por conquistar su dignidad por dos mil pesos y la promesa de un trabajo plástico que a la postre ni entiende, ni le importa, él porque por su necesidad vende lo poco que aún le queda cuando ya no hay nada que vender sino su realidad". Vemos cómo el docente parte de una presunción errónea para justificar la humillación consistente en pagarle al habitante de la calle, por "visibilizar" su miseria, sugiere que porque éste no entiende el lenguaje académico que supuestamente "explica" la obra a realizar, entonces no le importa el camino o las consecuencias de dicho trabajo. No hace falta tener un doctorado en la Universidad de Barcelona para saber que si el lenguaje utilizado para advertir el objeto, la finalidad y las posibles consecuencias del performance hubiese sido familiar para el sujeto del que parte, éste pudiera haberle dado la importancia merecida. Una suposición velada parte, entonces, del párrafo citado del profesor Salamanca: Sólo entienden los que están a su nivel, los que conocen la lex artis de su profesión o actividad, sólo ellos pueden encontrar importancia a las consecuencias de sus obras, sólo los elegidos pueden entender el mensaje del profeta. 

 

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ASUNTO: ACLARACIÓN DE COMITÉ  CURRICULAR (212-000-0) 
 

Cordial saludo. 

Los miembros del Comité  Curricular de la Escuela de Artes Plásticas aclaran ante ustedes como máxima autoridad universitaria que ninguno de los artículos o comentarios aparecidos en las publicaciones del semillero Deci-Depu que dirige el profesor Óscar Salamanca representan las opiniones ni los criterios pedagógicos que sustentan el desempeño académico de la Escuela y del Programa de Licenciatura en Artes Visuales. 

El Comité considera oportuno e inexcusable enviar esta aclaración pública agregando de paso que no puede asumir responsabilidad alguna por las implicaciones que puedan desprenderse de las propuestas "artísticas" desarrolladas por el profesor Salamanca y su grupo de colaboradores. 

La presente aclaración encuentra fundamento en las reacciones adversas y la controversia suscitada por la reciente publicación del Magazin Disangelio No 6 "Arte con la Indigencia" del semillero Deci-Depu.  

Cualquier persona medianamente sensible que de una ojeada a esta publicación y lea el texto que explica la "propuesta visual", podrá preguntarse si la decadencia moral, la corrupción política, la desigualdad social y económica de nuestro país, han alcanzado tal magnitud que incluso en un entorno universitario, de gente pensante y crítica, que debiera esforzarse por contribuir a aportar soluciones a la problemática actual, la consigna ha pasado a ser la del escarnio a la dignidad humana y el desconocimiento absoluto de cualquier principio moral. 

Y especialmente, se preguntará  si la concepción del arte contemporáneo ha degenerado hasta el punto de validar la puesta en práctica de las ideas más abstrusas, aberrantes y cínicas, sin importar las consecuencias, sin vacilar un instante aunque estén en juego los principios de fraternidad, solidaridad y compasión que todavía dan un cariz humano a nuestras relaciones sociales. 

Además, la pregunta más inquietante concierne a los alcances y la repercusión de este tipo de propuestas sobre el grupo de estudiantes que actualmente cursan la carrera de Licenciatura en Artes Visuales. Es decir, de qué manera pueden constituir un mensaje contradictorio y confuso, en abierta oposición a la misión del programa: "formación integral de profesionales de las Artes Visuales con criterio social, ético y humanístico". 

Las reacciones indignadas de numerosos integrantes de la comunidad universitaria ante la última publicación del semillero Deci-Depu, nos obliga finalmente a dejar constancia de que no compartimos el "ideario" que inspira las actividades del grupo dirigido por el profesor Salamanca.  

No podemos aceptar que los conceptos de lo turbio, lo abyecto, lo podrido, y lo siniestro, que son constantes en la producción de este grupo, se conviertan en referente de la Escuela de Artes Plásticas; sobre todo, cuando hemos asumido la comprometedora tarea de formar artistas y educadores de arte, porque creemos, como Howard Gardner, que "intrínseca e inevitablemente la educación es una cuestión de valores y objetivos humanos".   

Atentamente, 
 

Comité Curricular conformado por

Carlos Alberto Ayala, docente de planta del área tridimensional
 Carlos Augusto Buriticá, docente de planta del área bidimensional
 Carlos Alberto Hoyos, docente de planta del área bidimensional
 Ramón Jaramillo, docente de planta del área tridimensional
 Diana Yadira Durán, representante estudiantil.

 La profesora María del Carmen Falcón asiste regularmente como invitada del
 área pedagógica.

RUBEN DARIO GUTIERREZ ARIAS 
 

Copias: CONSEJO ACADÉMICO - Carlos Alfonso Zuluaga Arango

      RECTORÍA - Luis Enrique Arango Jimenez

      OFICINA DE RESPONSABILIDAD SOCIAL - Diana Patricia Gomez Botero

      VICERRECTORÍA ACADÉMICA - Jose German Lopez Quintero

      VICERRECTORÍA DE  INVESTIGACIONES - Samuel Ospina Marin

      VICERRECTORÍA ADMINISTRATIVA - Fernando Noreña Jaramillo

      BIENESTAR UNIVERSITARIO - Lusbian Saray Rubio

      ASOCIACIÓN DE EGRESADOS - Paola Andrea Buitrago Gonzalez

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Texto de Oscar Salamanca acerca de los comunicados enviados: 

Así estemos de acuerdo o no con las imágenes y textos del Magazín Disangelio 6 "Arte con la Indigencia", es propio que defendamos algo inalienable como lo es el principio de la LIBERTAD para expresar ideas a través de una sana confrontación ideológica y con argumentos. Si de todas maneras deseamos iniciar el debate acerca de lo producido por las imágenes y texto es preciso establecerlo desde el terreno del arte y por ningún motivo dejándonos arrastrar por la empatía hacía la victima del suceso. El indigente en este caso como victima proporciona al sistema la capacidad de una censura consensuada en lo políticamente correcto, a través de la falsa moral. Como bien lo propone un autor anónimo "Es paradójico que en un momento en el que la democracia elude toda responsabilidad sobre sus actos, exija ética a una reflexión que le es ajena, pues se inscribe en el terreno artístico". Extrapolar los terrenos para generar consensos de censura es poco menos que fascista, algo que se torna persecución y acoso laboral en la academia por la simple razón de manifestar el pensamiento. Ya hemos visto casos de docentes universitarios acosados y asesinados por la defensa de sus ideas en los escenarios. Yo mismo he tenido que bloquear mis paginas virtuales de participación por la cantidad de mensajes agresivos, ruines y de matoneo que he recibido estos días.

Compañeros de la Universidad Tecnológica de Pereira exijamos al arte la responsabilidad que le es propia en el análisis de la violencia en Colombia, pero por ningún caso permitamos la estética de la policía acallando voces y produciendo la autocensura.

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fecha: 29 de septiembre de 2009

 

A la comunidad en general que no vea o no quiera ver lo que está ante sus ojos.

 

Respetadísimos:

 

Este escrito no es ni un comunicado institucional, tampoco un punto de vista de un académico, ni de un artista, ni de un filósofo, ni de un obrero, ni de un indigente, ni de un magnate, ni de una mezcla de todas las anteriores.  Es de un anónimo que, incluso, puede ser todas las anteriores.

 

Tengo ante mí el polémico magazín 6 "Disangelio",  "Arte con la indigencia".  Por lo que puedo ver es una revista académica de un grupo de investigación L'H y de un semillero y tiene un ISSN 1909-8901. 

 

Lo abro y de inmediato veo un "indigente" y al artista (Oscar Salamanca), vestido con traje inglés, señalando a aquél mientras que en su cara se refleja una sonrisa irónica dirigida a nosotros.  Esa imagen se repite en varias fotos con diferentes ambientes y con diferentes indigentes.  Hay otras en las que la temática es el mismo artista u otro (Carlos Rojas Verona) en el que, o bien lucha contra otro indigente, o bien le hurta su bolsa a escondidas; otra temática es la de los artistas "en su representación de..." hurgando en las bolsas de basura y comiendo de las sobras de un restaurante.  Hay también en esta publicación dos escritos que no son ajenos a las mismas fotos.  Sin embargo no voy a detenerme en su contenido, ni en su aspecto semántico, pues cumple exactamente con la misma función que las fotografías: de una parte hace el señalamiento al indigente (como si nos dijera "al que le caiga el guante que se lo chante") y de otra se expone a la risa del que lo lee.

 

Lo anterior, como se puede ver, es un acercamiento muy superficial y meramente descriptivo. En las primeras fotos en mención (cuando se trata del artista con su modelo señalándolo y riéndose) a uno le produce un cierto escozor e indignación; en las demás temáticas es uno el que se ríe de los artistas en su representación de ejecutivos- indigentes.  En las primeras el artista nos tiende una "trampa" moral, en las otras una salida cómica.  En las primeras el artista se ríe de nosotros pero señala al indigente; en las otras nosotros nos reímos de aquél (se entiende del artista y somos también nosotros quienes lo señalamos). En las primeras se evidencia la figura retórica de la ironía; en las otras, él (ellos) -los artistas-, se exponen cómicamente a nuestra mirada.  Si leemos estas series (series en todo caso que no se dan en el magazín, sino meramente en este escrito) con  la mirada de la primera, perdemos: hemos caído en la trampa y no podemos escapar de ella sino nos reímos, luego, también nosotros de ambos artistas (hacerle al artista lo mismo que él hace con el indigente es seguir en la trampa). 

¿Por qué traigo a colación la anterior reflexión, sino es que es necesario hablar de arte?  Esta es, realmente, la verdadera trampa, pero prefiero caer en ésta y no en la otra.

Al ver la algarabía que se ha formado con esta publicación me digo: "El profesor  se salió con la suya".  Logró lo que todo artista anhela desde la época de Duchamp: provocar, cuando no escandalizar.  Esta es, a mi manera de ver, casi la única posibilidad que le queda al arte.  Al artista ya no le queda otro recurso para llegar a un posible público, sino es provocándolo, e incluso agrediéndolo.   Y es que nosotros, las víctimas de los artistas, ya no vemos, ni oímos, ni sentimos.  Estamos enajenados más de lo que, incluso, somos capaces de aceptar.  Por eso es que el artista, hoy, recurre a la violencia, a lo degradante, a lo feo y grotesco, a lo abyecto para removernos un poco.  Nuestros umbrales sensibles cada vez más tienden a expandirse, pero no porque nos volvamos más sutiles, sino, todo lo contrario, más insensibles.  Es el caso de nuestro oído hoy en día cuando ya no distinguimos cuando se trata de una disonancia y cuando de una consonancia, o peor aún, cuando el ruido no se distingue de un sonido o sonidos.   Y es que la sociedad de consumo en su oferta infinita no hace más que homogeneizarnos: entramos a un espacio cualquiera y hay música (no la escuchamos); miramos a nuestro alrededor y todo pasa por el mundo del diseño, de la moda: es la estetización del mundo (lo bello ya es invisible).

Pero por el lado del arte el asunto no es menos tranquilizador: El artista en el presente tiene a su disposición todos los recursos que le ofrece la técnica y la historia del arte.  Pero también vemos cómo cada arte ha tomado prestado no sólo de las otras artes, sino también de las diversas técnicas y disciplinas humanas y científicas.  En otras palabras: el arte como arte ha perdido sus límites y por lo tanto su dominio.  El arte es político y apolítico, moral y amoral, ético y antiético, científico y acientífico,  humano e inhumano.  El arte es todo. Todo es arte.  Cuando esto ocurre es precisamente porque el arte ya no es nada y nada es arte.  Igualmente sucede con el artista: cuando el artista confunde su obra con la del político, con la del periodista, con la del profeta, con la del filósofo, con la del cura, con la del sádico, siendo todo, o mejor, queriendo serlo, ya no es nada, ni siquiera artista. O para colmo, si todo acto humano es un acto artístico (porque así lo enuncia un artista u otra persona), si todos somos artistas, entonces, precisamente, ya nadie es artista.  Entonces ¿Qué le queda, al arte, y al artista? ¿Podemos sacar alguna conclusión de esta obra con respecto a la realidad mencionada? ¿Es esta obra "arte con la indigencia" el reflejo mismo del arte? ¿No nos está mostrando el carácter indigente del arte? ¿No nos muestra que el arte y el artista son hoy más que nunca la verdad propia del arte?  El arte es marginal.  Pero también el artista.  Éste, mientras más se involucre con la sociedad, mientras más se preocupe por las tendencias y por estar a la moda, más lejos está de su oficio (que el arte no es sino eso, oficio, labor (ars), producción (poiesis), creación).  Aquí es donde se evidencia el carácter indigente del arte: que su carencia inmanente (por ser humana), debe ser superada por una producción que en este caso se manifiesta como obra.  Obra que, en nuestra época, tiene que llevar consigo la explicitación que se trata de una obra (de arte), de lo contrario no entenderíamos.  Este fenómeno es bien interesante, pues cuando no es suficiente lo que está ante nosotros para que así lo reconozcamos, sino que tiene que tener una especie de consigna que nos aclare que eso, que estamos viendo, escuchando, o sintiendo en general se trata de una obra (de arte), entramos en un terreno de lo meramente enunciativo (como si el arte para ser arte se tuviera que anunciar o señalar de antemano). Como si al indigente tuviéramos que señalarlo para darnos cuenta que estamos ante un indigente.  Frente al arte (contemporáneo, o mejor, tendríamos que decir, actual), la condición de aquél es más rica que la de éste, ya que se basta a sí mismo para ser lo que es.  El arte parece que está, pues, en peores circunstancias pues necesitamos siempre a un artista que nos indique con su índice de Midas qué se convierte en arte y qué significa.   

 

No pretendo agotar la discusión con la anterior reflexión.  Tampoco pretendo hacer ningún señalamiento.   Ahora más que nunca está vigente el pensamiento de Hegel: el arte es algo que pertenece al pasado.  Sólo queda nuestro juicio (indigente).   

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Comentario de Jose Tarazona Gelvez  artistatarazona@hotmail.com  29 de septiembre 2009

 Maestro, lo bueno: Has tenido- en nombre de lo innombrable (el arte*)- el valor de  pisarle el rabo a margarita, la culebra paisa de la doble moral, en uno de los lados más sensible de nuestra zoociedad, enrostrandole una de sus máximas verguenzas frente al mundo: la desidia y el abandono social, porque la plata del pueblo  se la roban* o la gastan tratando de arreglar los problemas del hambre nacional a físico plomo, y en eso llevamos ya 500 años y de vez en cuando aparece alguien sensible que más allá de retóricas éticas o discursos moralistas de político veintejuliero, que  no son de la incumbencia del arte, es en cambio portador de contenidos y mensajes de su mundo y de su tiempo y que filtrados por su alma y puestos en contexto, van más allá de la obra bonita y complaciente de un hermoso y masturbatorio hedonismo que cuadra perfecto con el color de las cortinas, los muebles y el tapete de la entrada.
Lo Malo: Que en nombre de la "gente de bién" y de las "buenas costumbres" entre las que se cuentan "mirar el dedo cuando alguien señala el sol" o cuando no son buenas las noticias "matar al mensajero"  el establecimiento presidido por el eminentísimo consejo de los "caballeros de las sagradas llagas"  tomará sabias medidas contra el despistado que se atrevió a decir que el Rey iba desnudo en la procesión.
Lo feo: Este comentario y su autor.

*como el silencio: basta con nombrarlo y desaparece.

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Comentario de Jorge Torres Gonzales, artista, septiembre 30 de 2009

 

Primero lo primero, no comprender esta clara obra y lo sub - vertido como dispositivo es un poco torpe e irresponsable por quienes han leído la obra de manera equivocada.

Nuestra conciencia requiere agudizar mucho más la reflexión desde  la justicia social y nuestro panfleto de igualdad dentro de la mal llamada  seguridad democrática que solo favorece a lo ricos finqueros y no a los hijos de los pobres o campesinos, victimas de falsos positivos  etc.

Esta obra.... plantea lo mordaz como una escena de nuestra absurda  indiferencia.

A mi parecer creo que esta obra es clara y precisa.  

Así como alguien roba objetos  y vende sus obras robadas a los mejores coleccionistas de América latina, o Tania Bruguera expone sus bandejas de cocaína para establecer la doble moral, o incluso otro artista expone un perro al hambre y la muerte, pero nadie en la galería  tiene el valor ni las pelotas para salvarlo.

El arte hoy es ante todo,  provocación y política expuesta al escarnio público, por esta razón debemos señalar los errores y revelarnos para que no nos  hagan parte de la infamia y la inoperancia.

La indigencia en Colombia es despreciada, miremos las cifras, en realidad representan un preocupante espectáculo que sobrepasa porcentajes y censos. La indigencia en este trabajo no es sólo un performance como los profesores de la escuela quieren verlo, pues seria caer en supercialidades de estilo y medio, quizás plataformas desde donde piensan el arte. En este caso el indigente no tiene nada que ver con formulas artísticas, es un material relacional o social usado por el sistema  en donde el arte cumple la función o razón de exposición. Motivo por el cual en la propuesta no caben consideraciones morales ni éticas pues aparece inscrita en el terreno del arte. Es apenas obvio, señores Maestros de comité de tiburones, la estrategia de develación promulgada por la obra, pues es claro que el artista desea ser parte del respeto humano  promoviendo ese lugar negado al habitante de la calle por nuestra vida cómoda y de seguridad.

Los indigentes, mujeres y hombres sin casa, sin amor, sin patria  y lo que  ellos exigen con su  complicidad y presencia es solo el comienzo de una serie de reparaciones que debemos hacer  a nuestros compatriotas, entre ellas su visibilidad.

Él, el artista utiliza elementos que ironizan y comprometen a terceros en la situación, pero por supuesto  aquí todos somos culpables. Fijémonos como con cada sonrisa el victimario mira la cámara y con ese mirar nos hace cómplices.

Esta obra es real, humana, sensible y hermosa.

De verdad lamento muchísimo que tantas personas inteligentes, éticas y sensibles  hayan firmado una carta sin comprender a fondo el valor real de la propuesta del artista y su gran  profundidad.

El artista Oscar  Salamanca no puede comprometer su libertad para dar concesiones a una sociedad ciega y de verdad deshumanizada.

El arte es  un develador  y revelador de las mentiras humanas y sociales, al maestro Oscar  Salamanca lo felicito por su extraordinaria obra y a  todos los firmantes, les pido y les sugiero por favor con todo el amor y el respeto.... Hay que leer la letra menuda antes de firmar un contrato o manifiesto contra alguien. Mil gracias a todos por comprender y ojala empecemos ha ser mas políticos y menos temerosos por entrar en los caminos del señalamiento y el arte relacional. 

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Aporte de Adriana Gonzales Correa, Abogada defensora de los derechos humanos / 2 de octubre de 2009 

Una reflexión,

No todos comprendemos la ironía en el arte, y su propuesta de generar interrogantes frente a lo que somos y nuestros quehaceres cotidianos, la búsqueda de razones frente a las miserias humanas no solo se aborda desde las humanidades, también el arte contribuye enormemente a la interpelación del ser humano y al indefectible interrogante de qué sociedad estamos construyendo?.

El arte puede ser escandaloso, no solo porque no se rodea de palabras para buscar una reflexión, casi que dirigida como lo hacemos los que utilizamos el lenguaje gramatical, simplemente deja una ilusión visual a su interlocutor, el que por su trayectoria, sus valores, su acumulado de vida y su lógica, construye un concepto con la imagen desnuda que el artista le proyecta.  Ahora bien, el arte puede ser también una propuesta de lenguaje sugerido que directamente le diga a su interlocutor lo que está pensando el artista, pero no siempre el arte busca ser obvio y directo, muchas veces se acude a la contradicción, a la sofocación, al rechazo, a la provocación o a la ironía para generar en el espectador por lo menos una mínima pregunta.

Esa imagen, simple y como se dijo desnuda, genera en el interlocutor una sensación-reflexión, bien de aceptación o bien de rechazo, eso sí, nunca desprovista de un impacto, pues si no lo produce, la obra pasa desapercibida a los anaqueles del olvido.

Por mi eterno trabajo en defensa de la vida de los habitantes de la calle, quiero hacer unas simples reflexiones en torno a la propuesta del artista Oscar Salamanca, y confieso que de no tener una percepción diferente a la alegada por quienes se atrevieron a contrariar la obra, incluido el comité curricular de la Escuela de artes plásticas, probablemente nunca me hubiera pronunciado.

Es errado, ver a los habitantes de la calle como minusválidos racionales, que no piensan, no ven y que son fácilmente maleables y utilizables a la pretensión de cualquier extraño transeúnte. No, ellos son seres sentí-pensantes, tanto o tal vez más que nosotros, los que estamos inmersos en el sistema económico-político de la nación, que no nos atrevemos a autoexcluirnos, que nos dejamos aconductar por las normas sociales y seguimos cómodamente los cánones establecidos.

Para los habitantes de la calle, ésta es su forma de vida, sin controles y sin exigencias de quienes los rodean;  también es claro que el sistema no les permite mayores oportunidades, pues a la calle solo llegan los grupos sociales más excluidos del sistema, sin embargo, y pese a la imposibilidad de escoger porque no se les brindan opciones, también éstos se autoexcluyen como mecanismo de defensa y autoprotección, frente a un sistema que primero los descarta, luego los desecha y por lo último los mata porque no le son funcionales y mucho menos estéticos en sus pretensiones paisajísticas.

Pese a todo esto, yo en casi veinte años de acompañarlos, primero dándoles aguapanela, después enterrándolos en el cementerio de San Camilo y en este último tiempo asumiendo una posición política de defensa de su vida e integridad personal, creo profundamente que son seres humanos con la misma capacidad de decisión que yo como persona tengo, por eso, no creo que quienes decidieron recibir dinero como contraprestación a la utilización de su imagen -lo afirma el artista en su justificación-, hayan sido utilizados por el artista, no, por el contrario creo que claramente eran consientes del papel que jugarían, tal como lo son, frente a su figura en la sociedad.  Ahora bien, probablemente yo nunca les hubiera ofrecido dinero para posar, pues desde lo que soy, busco generar relaciones más horizontales sin que estén mediadas por el papel moneda.  Pero también, me miro a mi misma, y descubro que por mi fuerza de trabajo cobro una determinada suma de dinero, así que en mi papel de abogada siempre hay una contraprestación, la misma, que el habitante de la calle recibe por dejarse fotografiar en su condición; muy seguramente si yo fuera una mujer que habita la calle y vive del reciclaje, cobraría al ingenuo artista por la utilización de mi figura.

El señor Salamanca, hace una reflexión que a mi pobre entender es completamente pertinente, iguala las miserias de los humanos, las de uno son de orden físico, el olor y la suciedad, las del otro son de orden espiritual, agotar su vida en el trabajo para cumplir con el estándar social, la limpieza y el buen olor, ambos producen, pero el simple problema estético y el no estar en la flecha de la sociedad de consumo hacen de uno el excluido y del otro el aceptado.  Eso sí, no conocemos las miserias de cada uno, probablemente el bien visto para la sociedad de consumo es más infeliz que aquel que se quito la camisa y dejó de aportar a la economía.  Lo sé por experiencia casi propia, conozco muchos ejecutivos que por mantener unos zapatos de marca y unos vestidos impecables convierten su vida en un verdadero infierno, y a cambio, conozco habitantes de la calle como mi muy querido "jóse", que vive tranquilo y solo trabaja hasta cuando logra lo básico de sus necesidades, y luego descansa, disfruta de sus perros y por su puesto de la marihuanita; también los ejecutivos están tan atravesados por el mundo de la droga como los propios habitantes de la calle, pero como éstos aportan al sistema no se convierten en seres desechables.

La fotografía del performance, del ejecutivo peleando con los habitantes de la calle por una bolsa de basura -como ave de rapiña-, me figuró a Tomás Uribe, alto y respetado personaje de la vida nacional que no contento con la mágica plusvalía de sus predios en Cundinamarca, presenta una nueva propuesta de empresa, quitarle o mejor, arrebatarle a los habitantes de la calle la basura, para ser supuestamente reciclada por chicos de corbata y con apellidos presidenciales y hacer una nueva fortuna familiar, claro está, que sin untarse de la mugre.  Para el gran capital, si la basura le aumenta sus dividendos pues también será elemento de apropiación.

Como se puede apreciar tengo una percepción muy diferente a los críticos de la obra.  No conozco al señor Salamanca más que de oídas, poco se de su obra, pero de algo estoy convencida, que la pretensión de este artista no es mofarse de la pobreza, probablemente es mofarse de nosotros los cómodos, los exitosos, los incluidos en el sistema, que tenemos una peor miseria, la del espíritu y la indiferencia, que nos atrevemos a decir que las personas son tan desechables como los vasos de plástico, que su proyecto de vida debe ser aniquilada y por eso creo, que muchos de los que visten corbata y recorren las calles en autos blindados, son los que dan la orden de exterminio de los habitantes de la calle, no solo porque riñen con el paisaje de una ciudad perfecta que se pretende proyectar, sino porque les recuerdan que son el producto de su infame propuesta de sociedad.  Debo confesar que le temo más a los señores de corbata que a los habitantes de la calle.  Y ni decir, de los políticos, esos no me roban el celular o el reloj, me roban los impuestos, en las facturas de servicios públicos, los colegios públicos, la salud pública, esos si son dañinos de verdad.

Creo en el valor del arte y en su gran contribución a la construcción de sociedades incluyentes y democráticas y además estoy convencida que la mayoría de artistas tienen una sensibilidad muy especial que muchas veces es puesta al servicio de las personas y también creo que los artistas que se atreven a plantear problemas sociales y a volver su obra un punto de discusión positivo o negativo, son precisamente aquellos artistas que no se acomodan;  también hay los que se dedican a hacer obras meramente estéticas, éstos no lo dudo que como cualquier profesional quieren simplemente vivir de los dividendos de su trabajo, y que esto no suene a crítica, también los respeto, simplemente no me identifico con ellos.  Pero aquellos que se atreven a poner el dedo en la llaga son los que reivindico, muchos a veces se equivocarán en la transmisión de su mensaje, tal vez la formación política no les ayude, pero si estoy convencida que quienes se atreven los acompaña un fin noble.

 

ADRIANA GONZALEZ CORREA

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Jose Tamayo Castellanos/ 3 de octubre de 2009

Estimado Óscar.  Yo sólo soy un joven de 24 años, recién graduado de Ciencias del Deporte y "que gracias al cielo"
-aunque dudo de la existencia de Dios- me topé en mi camino con un anciano maestro, y eso, hoy en día,  es decir demasiado.  Con el he caminado estos últimos años y creo que desde la falsa moral y la mediocridad de pensamiento de mis contemporaneos, nos han calificado de cacorros y hasta de maricas.  Pero eso no es nada... también fui juzgado por el simple hecho de pensar con cabeza propia, que además, cabe decirlo, pocos lo hacen. 
Le cuento sobre mi tesina de grado:
Mi trabajo de grado quería dar una nueva noción de la palabra dignidad. En realidad no era darle un nuevo concepto; era DEFINIR esa palabreja tan dañina para la sociedad y ubicarla en un sitio correspondiente: LA SALUD.
Lo central del texto era proponer una definición de la dignidad, es decir, un concepto único definido constitucionalmente, pues siendo esta palabra un pilar en la construcción de toda constitución y de toda sociedad, ha sido pervertida y maleada por el espíritu de cada época.  Un ejemplo de esto fue el cristianismo que llamaba digno a todo hombre educado en el espíritu cristiano... y se mató en nombre de dios.  Ahora es digno el hombre que posee una capacidad adquisitiva, capacidad que normalmente degenera en algo que Nietzsche predijo desde hace más de un siglo: en una estúpida compulsión coleccionista que tanto daño le hace a este mundo.  Se coleccionan ideas, pensamientos, artículos físicos e hijos: todo un maldito atentado contra la estética, contra la espontaneidad y los espíritus creativos.
 
En realidad mis pretensiones eran algo "pequeñitas": cambiar el espíritu de la época.  Que la palabra dignidad estuviera definida  constitucionalmente-como yo propuse- en el marco de la salud, implicaría un revuelco social, pues hacia esa definición se dirigirían todas las fuerzas sociales y todo quehacer político, económico y EDUCATIVO; empezaría a tambalearse nuestra moral cristiana: con el tiempo se aprobaría el aborto como una práctica sana para la sociedad; se aceptaría la eutansia; y lo que es mejor, habría un control demográfico cultural que diezmaría de manera natural, y sin necesidad de homicidios, a nuestra sociedad; buscando hombres cada vez más sanos, más bellos, más fuertes, más espontáneos y más libres, es más, también se cumpliría el ideal nietzscheano del hombre; el hombre que ha alcanzado la última categoría de un espíritu avanzado: el espíritu jugueton y atrevido e inocente del NIÑO.
 
Pero esta sociedad esta llena de lambones y de medrosos; de espíritus mezquinos.  Y lo digo porque a mi trabajo de grado le asignaron calificadores estultos y llenos de prejuicios que no vieron más allá de sus lagañas  e indigestiones cerebrales.  Y se rieron en mi cara porque según ellos yo no podía decir lo que estaba diciendo, ni mucho menos sacrificar el pensamiento de otros autores al no tomar referencia de ellos y beber en sus fuentes.  Que tristeza, preferían el corte y pegue.
 
Se que se llevaron de mí una imagen de presumido y de loco por el simple hecho de hacer algo diferente a lo que se hace en la academia: PENSAR Y PROPONER. Pero eso está bien.
 
Bueno, para terminar, sepa usted que para juzgar todo bocón se llena la jeta de palabrerías, y en este caso usan la más pesada para criticar sus puntos de vista: la "supuesta" dignidad ofendida de los indigentes. Y desde allí juzgan su obra y la desprecian sin saber cuán difícil es saber despreciar; despreciar es propio sólo de los espíritus más avanzados.
 
Cordialmente,
José W. Tamayo.

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Jaume de Cordoba Benedicto, doctor en Artes, profesor de la Universidad de Barcelona, artista.

04 de octubre de 2009

 

Te veo brutal y denunciador casi como Goya. Lástima que no creo que tu video

 llegue a los más poderosos o que si llega le den carpetazo sin más consecuencias.

 Tu sabes que en mi civilizado país también podrías haber realizado el mismo video.

 La diferencia es que en España hay menos pobreza y que el buen carácter de tus

 paisanos te ha salvado el pellejo. En Barcelona te hubieran cosido a golpes y

 navajazos.

¡Viva tu lucha!

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Raúl Moreno Jerez, poeta colombiano en el exilio canadiense. 04 de octubre de 2009

Oscar...en un encuentro casual con un amigo si de pronto me hubiese comentado que tenia una locura como esa la verdad es que si no lo conociera...si no tuviera la certeza de la búsqueda...si no estuviera metido en la piel que un artista...si fuera una persona ajena a todo ese rollo de la podredumbre cotidiana...yo le hubiera recomendado que no se le metiera a ese lobo..a esa locura..Porque es aquí donde beben los que poseen la doble moral para ajusticiarte con todo y pellejo..Porque tal vez ellos si tienen el dedo en el gatillo para dispararle a todos los indigentes..Pero ahora que veo el video (Risa Colombia, arte con la indigencia) y su risa disparando al nadie...es esa misma risa que tienen abandono a todos los miserables por los siglos de los siglos...esa la misma risa de la iglesia, la misma de los Santodomingos, la misma de los Galvis, la misma de los Santos y Uribes, la misma de todos esos infames que acuchillaron la miseria y la colocaron como un pedestal para perdurar por los siglos  de los siglos en honor a las instituciones y las buenas costumbres......Por eso sé que esa locura tiene más de cordura que otra cosa...los infames que te acuchillan por la espalda NO MOVERAN UN SOLO DEDO PARA SACAR A COLOMBIA DEL HAMBRE, PARA AYUDAR A ESOS NIÑOS QUE ELLOS LASTIMOSAMENTE E HIPOCRITAMENTE DEFIENDEN...NO CREO QUE SEAN MUCHOS LOS QUE COMPRENDAN TUS BASTAS INTENCIONES...PORQUE LOS ARTISTAS QUE TE CRITICAN NO MOVERIAN UN PELO DE LA NARIZ PARA OLER LA MISERIA....ESE HOMBRECITO CON CORBATA RIENDOSE DE LA MISERIA ES EL MISMO ESTABLECIEMIENTO CON SENADORES, CURAS, ARTISTAS DE PAPEL, CURADORES Y MATASANOS, PRESIDENTES...QUE SE PERRATIARON ESTE PAIS POR CUENTO E MUSICA...Raúl

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Cuahutemoch Rodriguez, candidato a doctor en artes, Magister en Artes Visuales, profesor y artista mexicano

05 de octubre de 2009

FFFEEEEEEEENNNNNOOOOOOOOOOOMMMMMMMMMMEEEEEEEEENNNNNNNNNNNNAAAAAAAAAALLLLLLLLLLLL!!!!!!!!!!!!!!!

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